domingo, 17 de octubre de 2010

Ver, escuchar, hablar…

La Radio según Julio Lagos, en la USAL el 15 de octubre de 2010.


“Es culpa de Moyano” fue lo primero que le escuchamos decir cuando entró al aula, como disculpa ante su comprensible retraso en un país donde el Monumental se llena de seguidores del líder de la CGT, un viernes en hora pico (aunque en Capital todo el tiempo es hora pico).

Y ahí estaba él, con un bolso azul lleno de bártulos electrónicos y una sonrisa de oreja a oreja por haber llegado. Julio Lagos venía a hablarnos de su carrera en radio para la cátedra del profesor Gorza, quien al igual que todo el curso, esperaba impaciente la llegada de su invitado de honor.

Pero no hubo demasiadas preguntas y respuestas. Como si quisiera recuperar el tiempo perdido que el tránsito porteño había ocasionado, y como si supiera qué era lo que todos queríamos saber, Lagos empezó a hablar con esa verborragia inconfundible de quien se siente como un pez en el agua dentro del medio radial. Y así rompió el hielo, nos contó de dónde venía, qué traía consigo, cómo había llegado, y otras cosas que derivaron en mil frases acerca de la radio, pero vista desde la mismísima calle y desde la observación personal: “La vida transcurre en la calle… Hay que encontrar historias, y las historias están donde está la gente. Hay que involucrarse” nos contó.

¿Y qué pasa con el trabajo en equipo? “Lo que importa es que todos sepamos todo”, claro, tanto lo que están adentro como los que están afuera del estudio. Porque en radio “cada uno de nosotros es una circunstancia pasajera” que debe tener perspectiva del conjunto. Sí, por supuesto es importante el locutor, pero “lo que vale es la radio”. Y así de simple lo dijo…

Todos los que escuchamos radio sabemos que en el arte radial, cada elemento constituye una artesanía muy cuidada, un mensaje fluido y coherente. Pero eso no es fácil de lograr, ya que la misión de quienes “hacen” radio, es que eso no se rompa y que, además, se alimente a cada momento con el ejercicio de oír a nuestros pares, de internalizar los programas que hacen otras personas… De aprender a mirar más allá del propio ombligo porque “si vos radio, no escuchás tu radio…”

Una de las primeras bombas que tiró lagos a ese boquiabierto grupo de estudiantes de periodismo fue: “La radio está muerta”. Porque está en crisis. Porque hoy hay una retracción. Porque se ha vuelto aburrida. Porque la gente hace zapping. Porque el tiempo de atención no es el mismo que antes, etc. Y además, porque al igual que en la vida no mediática, las personas están cada vez más ocupadas en reproducir lo que “alguien” dice de “alguien más”. Y así Lagos explicó los tres puntos que él considera causas de este problema: 1) El periodismo es hoy una agenda de dichos, no de hechos. Siempre se habla de los mismos 50 tipos. 2) La radio no es sólo periodismo. La radio debería ser teatro con auriculares. 3) La radio tiene que ser acción. Tiene que narrar un suceso irrepetible. Es algo que sucede en el momento.

"Y su función fundamental es acompañar, si informa, mejor”. Porque es cierto que la radio “es una manera de expresión que no se tiene que subordinar a lo periodístico”. Hay un abanico gigante de cosas, e información de todo tipo que está siendo desaprovechada. Abramos los ojos. Lo que sucede es que nosotros lo vemos desde ese punto porque esa es nuestra realidad, nuestra carrera, nuestro entorno. Pero la radio es una crónica viva de un todo que va más allá de dar noticias. ¿Qué tal si hablamos fuerte? Mientras aclaremos que “esa” es nuestra verdad, nadie podrá decirnos que no nos expresemos. Y volvemos a lo mismo, el problema más grande que hay, hubo, y habrá, es la soledad. “La radio es una alternativa para que alguien no se sienta solo” susurró Lagos y aclaró que entretener es lo mejor que hay, pero que la palabra “entretenimiento” está desvalorizada y hasta se le tiene algún tipo de temor y rechazo. “Necesitamos contenidos atractivos” y no mucho más que eso. Todo esto encierra el postulado central defendido por este hombre de radio: “Hay que pensar en el que escucha, tener pasión y dedicación, y trabajar duro”. Y todo eso, lamentablemente se está diluyendo aunque no debería ser así, pero es complicado porque “conducir un programa de radio es como dirigir una orquesta”. Y dos que han logrado eso, según Lagos, son Bravo y a Badía, quienes tienen la capacidad de manejar la transmisión y de sentir lo que hacen como un oficio y un arte. Y que además, antes que locutores son oyentes con sentido y estilo.

Lo más importante para trabajar en radio es tener noción del tiempo, que es la materia prima y además siempre ir más allá. Y dio un ejemplo: “Si hacés periodismo en televisión, quizás en vez de periodismo debas estudiar teatro”… Sí, hay que buscarle la vuelta a todo. Siempre hay alternativas para mejorar: “El camino es la capacitación” aconsejó.

Nuevas tecnologías: “El programa no se circunscribe en el momento en que sale al aire”. Internet, entre tantas otras cosas, ha permitido que la interacción se articule de manera distinta, que podamos llegar a públicos diferentes, y que hagamos todo lo posible por saber quién nos escucha. “Con internet, el programa tiene un antes y un después.” Pensemos que Argentina generó oyentes fuera del país en estos años y durante las épocas de crisis. Y así podemos llegar a más de 400 millones de personas en el mundo, si tenemos en cuenta a todos los países de hablahispana, que constituyen potenciales oyentes. En fin, respecto de las tecnologías Lagos lanzó una frase muy cierta: “Si sirve para comunicar, es bueno” y citó al publicitario argentino, David Ratto con el simple enunciado que dice que algo: “Comunica o no comunica”. No hay grises.

Julio Lagos tiene la admirable convicción de creer que podemos hacer algo para cambiar la radio, para incluir a quienes no son “mayoría”, ya que no merecen escuchar lo mismo que todos los demás, por la simple razón de que no les interesa. Y aquí otro tema se hizo lugar: la opinión. Podemos considerar que toda lo que expresó Lagos durante la charla fue su opinión, pero a cada momento él aclaraba que esa era SU verdad, tan valiosa como la de los demás. Ahí está la diferencia. Y llevándolo a la radio, dijo: “Lo más importante no es la opinión. La verdad es relativa… Opinar es una muestra de pedantería absoluta. Si no hay respuesta ni puntos de vista encontrados, no sirve.” Y esto derivó al pensamiento de que todo pudo haber sido de muchas otras maneras. Siempre hay millones de posibilidades que no elegimos, que no imaginamos, que descartamos, que no vemos, y eso no se puede juzgar porque esas otras verdades siempre existirán, pero lo que elegimos es UN camino, del que no podremos movernos sin por lo menos saber dentro nuestro por qué lo hemos escogido. Al mismo tiempo es válido cambiar de ideas, porque somos seres humanos. La diferencia, yendo al caso de la radio, es que hay que aclarar lo que es juicio de valor y dejar opinar al público también, porque sin feedback no hay democracia.

Y así como transcurrió la tarde, entre palabras, micrófonos y auriculares, llegó el final de la charla con un poco más de interacción por parte de los alumnos, que nos animamos a hacer preguntas aunque parecía que el experimentado Julio ya lo había dicho TODO. Es así como nos enteramos que escribió su libro “Corazón de Radio” con el objetivo de que los que luego ocupen su lugar, sepan con qué se van a encontrar. Pero sin teoría, sin fórmulas… Sólo anécdotas, sólo práctica, sólo vida real. Porque eso es lo que nos rodea, de eso estamos hechos: de vida real. Y así explicó Lagos que no hay cosas escritas por quienes hacen las cosas. Nadie enseña el método desde la práctica, y “algún día te vas a morir”… “No hay libros de profesionales, no hay libros sobre la práctica”. Y así es como debería ser… Una vez que la praxis decanta, se forman consignas para que luego entremos en el mundo laboral sin que parezca que arribamos a Júpiter. Hay que aprender a ver.

Este hombre que a los 6 años de edad había decidido trabajar en un diario y que a los 16 comenzó a hacerse escuchar por radio, nos confesó que todo empezó a partir de su “dosis de payaso” y de su histrionismo, que nunca se va, y que le permitió ver, conocer, ir, aprender, interesarse y ser parte, siempre. Por eso, eso resume su consejo hacia todos nosotros. Y no es el primero que nos dice: “Hay que insistir”.

Así, sabiendo que no hay muchos puestos para futuros periodistas, y siendo consciente de lo difícil de la labor en el medio, nos dio energía y optimismo ante todo lo que presenta esta profesión que supone, muchas veces, “bailar con la más fea”.

Y concluyó diciendo que “a la larga decís todo lo que querés decir.” Y que “nadie puede obligarte a decir lo que no querés decir. Algo hizo que lo hagas”...


Por: Luz María D'Angelo







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