martes, 6 de septiembre de 2016

Sinécdoque


Sí, siempre se dijo que viajar nos llena de energía y vitalidad. Pero encontré otra forma en que esto nos hace más jóvenes. Es un truco, por supuesto. Se trata de un truco literario, pero en poesía todo está permitido.





Veamos:


Nací en 1989 y el 20 de junio cumplí 27 años estando en la Isla de Capri, Italia, Europa, hemisferio norte. ¿Estamos de acuerdo? Bien, hace un rato, desde Pilar, Buenos Aires, Argentina, hemisferio sur, mientras me asombraba e indignaba de que nos encontremos ya en septiembre de 2016 y todo lo que eso implica (que falten tres meses para Navidad, por ejemplo), me aterroricé al pensar que cuando culmine este año, a diferencia de otras personas, yo no podré decir que tengo 27 primaveras. No. Al final de 2016 voy a tener 28 primaveras, porque este año me habrá regalado dos estaciones de polen y alergia.


Inmediatamente, en contraposición a eso, me puse a pensar que yo cumplo años en otoño (el último día -dependiendo del solsticio de invierno-, pero otoño al fin). Entonces me dije: "Por supuesto: debo medir mi edad en otoños". Pero claro, si mi año tendrá dos primaveras, eso significa que en 2016 NO VIVIRÉ NINGÚN OTOÑO (a menos que me vaya al hemisferio norte en este momento, cosa que no ocurrirá a menos que me gane el Quini), por lo que puedo quitarme edad de una manera bastante elegante y poética: cuando me pregunten cuántos años tengo me limitaré a responder, sin mentir en lo absoluto, que tengo sólo 26 otoños.

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